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Euroedile siempre lo ha gritado y, fiel a sus compromisos, lo ha demostrado por enésima vez: hay que desatar los nudos del pañuelo y cumplir escrupulosamente las promesas.

Precisamente a finales de enero, la empresa tenía previsto organizar unas prácticas remuneradas para formar a nuevos andamistas, ya que la búsqueda de personal cualificado era realmente dura. 

Y así, el 15 de febrero, comenzó la primera ronda.

Bajo la égida de un veterano de la oficina técnica y de un capataz capaz, 8 chicos fueron convocados para afrontar una formación profesional que les abrirá una interesante ventana laboral.

En la parte teórica, que incluye lecciones en el aula con la ayuda de presentaciones especialmente preparadas, se describen en detalle las partes individuales del andamio y cómo pueden ensamblarse. Sin olvidar el adoctrinamiento para garantizar la seguridad en la obra, los jóvenes se ilustran con casos prácticos sobre cómo es posible crear accesorios de altura en función del objeto que tienen delante.

Lo que se propone no es una lectura servil de las palabras clave de la Wikipedia, sino que, para la ocasión, se ha elaborado desde cero un manual especial, resultado tangible de la experiencia sin límites de la empresa de Treviso: con fotos y explicaciones sencillas, se lleva de la mano a los futuros andamistas para que conozcan cada paso del montaje, los riesgos a los que se enfrentan, las perplejidades que conlleva un trabajo. La regla es que cada obra debe ser tomada, experimentada y dejada de manera impecable.

Junto a la fase teórica, hay una sección práctica dividida en dos partes, una en el almacén y otra en la propia obra. Un hábil capataz que, para la ocasión, se convierte en un válido instructor, muestra a los jóvenes con detalle cómo se aplica la teoría, volcando en ello toda su experiencia: no hay nada más verdadero y completo que una voz desde el patio explicando los fundamentos.

Euroedile no oculta su satisfacción por este proyecto: es el resultado de años de intuición y razonamiento. Invertir en formación es, hoy por hoy, la sal de la economía: mirar el futuro a través de los ojos de estos chicos infunde positividad y hace pensar que, enseñando una profesión, el futuro puede ser mejor.